Solucion

Se emiten consejos para que las mujeres evitemos ser asesinadas (no sabía que el problema era la falta de precaución): no tomes taxi (seguramente caminando es menos peligroso), no andes con casados (los solteros han de ser incapaces de matar), no permitas la violencia (sí, ¿verdad? ¿Cómo no se me había ocurrido no permitir que me maten?). Esta es una clara manifestación de la revictimización, un proceso incluso documentado por la psicología, que consiste en “echarle la culpa” a quien recibió la violencia, un poco por falta de empatía y un poco por ingenuidad al creer erróneamente que podemos evitar que alguien decida cometer un delito contra nosotrxs. Y a las mujeres de Puebla no solo nos están asesinando, también nos están echando la culpa.

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Pero entonces, ¿qué podemos hacer para evitar los feminicidios? Si las mujeres no podemos evitar que nos golpeen, violen o maten ¿quién puede hacerlo? Devolvamos la responsabilidad de la violencia a quien la comete. No más “cuídate mujer”; son los hombres los que tienen el ineludible deber de parar su violencia. Es injusto que además del clima de muerte que nos circunda a las mujeres (además del que ya de por sí vivíamos de violencia), ahora vayamos por la vida escuchando recomendaciones de poca monta para que, en caso de que nos intenten matar, nos sintamos culpables. No es justo que las mujeres introyectemos ese miedo. Precisamente para eso sirven los crímenes de odio: para mandar un mensaje a la población receptora de la violencia. “Aguas porque sigues tú”, “Tú tienes la culpa”, “Vas a morir así por haber nacido así”.

Autor: Fernanda Hernandez

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